martes, 1 de septiembre de 2015

La polémica entre valores y religión.

La pasada semana, una carta hacía referencia a que la falta de valores religiosos católicos había llevado a una sociedad irrespetuosa y mal educada. Quisiera decirle a quien la firmaba que los valores de la educación o el respeto no son exclusivos de la religión, y mucho menos de una religión concreta. Los valores religiosos se hicieron a partir de valores humanos. Se puede ser educado sin ser religioso, y estos valores se pueden enseñar sin necesidad de ir a una iglesia, mezquita o sinagoga.

los valores normalmente se forjan en la sociedad, todas las sociedades tienen un mínimo de leyes que aseguran su existencia y el cumplimiento de estas leyes se hace mediante la formación de valores en las familias, la mayoría de religiones de alguna manera han obrado a manera de legisladoras, creadoras e impulsadoras de leyes, dándoles base estructural y un motivo de existir, actualmente muchas leyes son impulsadas por la religión en prácticamente todas las sociedades.

La religión tuvo siempre un gran papel en la formación de la conciencia moral, y para muchos sigue teniéndolo en la actualidad. Pero la evolución cultural obliga hoy a resituar con sumo cuidado el lugar preciso de su influjo. La cuestión se presenta en una tensión polar.

Es evidente que, de hecho, la mayor parte de los valores morales se han forjado en el seno de la conciencia religiosa o bajo su influjo. Las pautas de la conducta moral se presentaban como mandamientos divinos, y su formulación y tutela correspondían a las comunidades religiosas. Pero en Occidente, a partir de la Ilustración se ha producido una quiebra decisiva: el trauma de las guerras de religión, el peso institucional de una Iglesia poderosa, y la impresión (muchas veces, también la realidad) de que se oponía al descubrimiento de nuevos valores morales, llevaron a una parte importante de la cultura a sentir la moral religiosa como opresiva. Kant elevó la protesta ya muy generalizada a rango especulativo cuando habló deheteronomía, y proclamó frente a ella la necesidad de una moral autónoma, es decir, de una moral que el hombre se da a sí mismo por medio de su razón práctica.

Se hacía indispensable una mediación, que permitiese conciliar los extremos sin mermar ni la justa autonomía humana ni la justa autoridad de la religión. Aunque las reflexiones clásicas en torno al problema de la ley natural ofrecían indicaciones importantes, no fue tarea fácil. Hoy se ha avanzado mucho hacia una posible reconciliación.

La distinción entre el contexto de descubrimiento y el contexto de justificación de los valores morales, permite, por una parte, admitir el hecho y la legitimidad del influjo histórico de las religiones y, por otra, reconocer la autonomía de los contenidos así descubiertos. El ejemplo sencillo de la educación moral del individuo puede aclararlo mejor que muchas especulaciones. Lo normal es que el niño descubra las pautas morales porque se las enseñan sus padres y educadores. Le llegan, pues, de fuera: sigue unas normas porque se las mandan, hasta el punto de que muchas veces las vive como una dura imposición heterónoma. Pero si el crecimiento es normal, el muchacho, y más todavía el adulto, llegan a comprender por sí mismos la justificación de esas normas, que ahora asumen autónomamente. Del mismo modo hoy se ha ido imponiendo con evidencia creciente la autonomía de los valores morales con respecto a la religión. Una conciencia religiosa madura comprende que estos no son buenos porque se le mandan (dejemos ahora la cuestión de si esta palabra debiera usarse o no en el lenguaje religioso), sino que se le mandan porque son buenos.

Resulta significativo que ya Kant logró la formulación exacta al definir la religión como el «conocimiento de todos los deberes como mandatos divinos, no como sanciones, es decir, órdenes arbitrarias y por sí mismas contingentes de una voluntad extraña, sino como leyes esenciales de toda voluntad libre por sí misma» . Dejando ahora de lado el estrechamiento reduccionista  la religión es también eso, pero lo decisivo está en que es más que eso, este planteamiento resulta enormemente clarificador, porque la relación indicada no es algo recluido en el pasado, sino que indica una dialéctica permanente. Lo único que ha cambiado es acaso la proporción: el pluralismo cultural ha hecho que al lado de la religión cobrasen más importancia otras instancias en la constitución de la conciencia moral.


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